miércoles, 19 de marzo de 2008

Hay un momento en la vida en que uno pierde la noción de las cosas que hace. Es decir, en algún minuto se pierde la línea entre lo bueno y lo malo. Realidad o ficción. Es como cuando no sabes si haces las cosas porque te lo dice tu conciencia, o porque tu conciencia es lo mismo que tus padres y en realidad, no hay conciencia ni subconciencia ni inconciencia ni nada que tenga que ver con ciencia. Bueno, pues eso me ha pasado. Parece.
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Yo iba a ser la superdotada de la familia. Eso esperaban todos. Pero en el fondo, nunca supe si YO lo esperaba también. Pero eso no es problema cuando estás en octavo básico, por ejemplo. El problema es ahora. Ahora, estoy en cuarto medio y por alguna extraña razón, justo ahora mis familiares se acordaron de que existo, mis doctores se aprendieron mi nombre completo, mis vecinas comenzaron a saludarme y mis padres comenzaron a hablarme más; y todo por un solo propósito: saber al final, cuánto pondero en la PSU.
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A veces mi sueño no es ser exitosa, tener familia o lo normal de la gente normal. Cuando me autoanalizo, creo que a veces lo único que espero de la vida es hacer nada. Nada "importante". Mi sueño es hacer collages, muñecas de género, dibujos, ropa, escuchar música, leer, escribir, comer y dormir. Eso constituiría mi felicidad. Pero como la felicidad sólo se disfruta cuando la compartes, a mi lista tengo que añadir a mi novio, Juan Manuel, que es en rigor, todas las variaciones de mí misma, así que por eso lo quiero, lo necesito, y entre muchas otras cosas más, me hace feliz.
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Juan Manuel cuando se autoanaliza, lo que espera de la vida es una casita en la playa, tocar guitarra, corear sus propias canciones, escribir los mejores cuentos de la historia y estar junto a una chica para comer, hablar, cantar, caminar, leer, dormir, y, en general, vivir. Es entonces cuando, si hablan de "una chica" en la vida de Juan Manuel, hablan de mí.
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Pero fuera de que el secreto de la vida sea que la felicidad se logra a partir del ocio, nunca nadie es demasiado feliz. Para todo el mundo, yo sería feliz entrando a la universidad a estudiar una carrera-inversión. Quedó claro por qué no es así. Sin embargo casi todo el mundo proyecta una vida desgraciada en tu vida cuando no quedas en la U, y por conducción o convección o lo que sea, terminas siendo infeliz entrando o no entrando a la U, aunque más, no entrando. Me pregunto si alguna vez las personas en general se cuestionarán estas cosas, aunque cuando me subo a una troncal del Transantiago, sé inmediatamente que lo último que están logrando todos los que van en la micro, parados o sentados, es ser felices.-

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